Winterbottom a propósito de 'Camino a Guantánamo'
24-06-2006 00:01:24
A quien ahora escribe le apetecía mucho realizar este comentario sobre Camino a Guantánamo, más después de haber leído unas cuantas críticas en diferentes medios de comunicación donde, evidentemente, se hace especial hincapié en la faceta de denuncia política. Para empezar, diré que lo menos interesante de este filme es la reconstrucción de las torturas en Guantánamo, precisamente, por ser lo peor en él desde un punto de vista estético. Lo realmente sublime lo constituye su primera y última parte, muestras de los verdaderos estilemas del director Winterbottom. El que mira asiste estupefacto a esos breves planos de paisajes exóticos sobrexpuestos a una música enaltecedora que parecen una continuación de Código 46: fotogramas de The Lonely Planet, retratos del planeta Tierra desde una óptica casi panteísta, en los que individuo y paisaje se mezclan en comunión directa.

Ante Winterbottom, como ante Ang Lee, la literatura cinematográfica encuentra dificultades de encasillamiento. ¿Es un autor? ¿Será su temática social, presente desde Go Now a Wonderland, su conciencia política, de Welcome to Sarajevo a In This World, sus facetas definitorias? Pero tal vez la respuesta sea de lo más simple. Winterbottom parte de géneros para desmontarlos y, de hecho, con cada intentona de uno de ellos los depura estilísticamente. Lo que le importa del género no son los códigos propios, sino su apariencia, es decir, los ambientes y la historia: El perdón lo asociamos al género western por el lugar y época en el que se desarrolla; Código 46 pertenece a la ciencia ficción porque, nos dicen, nos encontramos en el futuro; In This World y Camino a Guantánamo tratan temas de actualidad candentes que salen en los telediarios.

Con relación a estas líneas de depuración de las que hablábamos y, para centrarnos en el filme que nos ocupa, podemos establecer una gradación cuyas escalas serían Welcome to Sarajevo-In This World-Camino a Guantánamo. La primera es una película narrativa con personajes, pero, ¡ay!, donde se introduce algo muy querido por Winterbottom, el grano, el cambio de formato; Welcome to Sarajevo contiene un minidocumental dentro que es lo mejor del filme y donde, parece, le hubiera gustado quedarse pues sus otros personajes de ficción carecen realmente de interés. Pero la escena verdaderamente «Winterbottom» no llega hasta el final: el protagonista ha conseguido su objetivo y lo vemos en plano medio, en movimiento, dentro de un coche, y con música; se trata de un momento «epifánico», que ya aparecía en Besos de mariposa, con el bautismo-asesinato de la protagonista, y que irá dosificando a lo largo de su filmografía: Wonderland (el plano-emblema sería aquel de un campo de fútbol abarrotado), In This World (que es también sublime, pues casi todo el filme se compone de este tipo de escenas), incluso en 9 Songs (pero donde la música baja su volumen acorde con la acción), que podrían ser casi películas musicales, donde sus personajes no hablan, deambulan, solos, o acompañados, en medio de diferentes espacios geográficos, sin un alma o saturados de gente, que van desde el Londres urbano a una Afganistán agreste o una Antártida virgen. ¿Cómo no le han reprochado a Winterbottom a los que le gusta In This World por su temática social que se dedique a componer abstracciones geométricas con el efecto de unas luces infrarrojas, por ejemplo, en un momento muy dramático del filme? Personalmente, creo que esto es lo novedoso y las señas de identidad del realizador. Con Camino a Guantánamo, y ayudado en la dirección por el montador Mat Whitecross, llega al clímax al desfragmentar por completo la narración, con lo cual también se acerca a una estética de plena actualidad. No deja, así, ni un momento de respiro al espectador; no importa que los personajes no estén desarrollados, la dramaturgia aquí desaparece; sin embargo, se consiguen escenas altamente sugerentes, con cielos explotando sobre la cabeza de los protagonistas, y de los espectadores.


Y, ya que pocos críticos se han detenido en comentarlo, enumeraré a continuación algunos rasgos relativos a la puesta en escena de Camino a Guantánamo, que se pueden considerar compendio de varios recursos usados desde el comienzo de la carrera de Winterbottom: montaje fraccionado; uso de diferentes formatos y texturas, con planos sacados de telediarios y otros que no lo son pero que imitan su estética; flashes breves que se asocian a momentos del pasado; planos de movimiento (en todos sus filmes, hay un Viaje, o varios); planos de conjunto, lejanos, de figuras enmarcadas en espacios abiertos (hasta en Jude o With or Without You, existen); deambulaciones de personajes (el más emotivo puede que sea la carrera del niño en In This World).


Con Winterbottom somos conscientes de que la Tierra es redonda y asible (véase también I Want You). Winterbottom es hijo de la globalización y la imagen, un producto actual, que se considera habitante del mundo, no únicamente ciudadano inglés. Su acercamiento a los géneros se corresponde con una cuarta mirada, el punto de vista de una cámara lo suficientemente alejada para encuadrar la trama en un contexto espacial, no involucrarse sentimentalmente en ella, pero tampoco juzgarla; la mirada de un dios no juicioso, y que se corresponde con la mirada del cine actual, cuando ya todos los códigos están manidos de tanto usarlos y somos dueños de la imagen. El concepto de cuarta mirada toma como punto de partida la famosa clasificación valle-inclanesca a la que un autor ha de enfrentarse a la hora de retratar a sus personajes. Recordemos, estaba la mirada desde el aire, de pie y de rodillas: desde el aire, los personajes aparecen deformados, marionetas merced al demiurgo, aplastados contra el suelo; de pie es una mirada de tú a tú, el que busca el realismo o el documental o la acción de películas mainstream; de rodillas, es la épica, el western, el género de aventuras.

Y terminaré también aludiendo a otro escritor, en este caso, a Virginia Woolf, quien, con Orlando, pretendió romper todos los límites, entre ellos, los espacio-temporales. ¿Acaso no es lo que pretende Winterbottom: romper los géneros o, precisamente, a través de ellos, abarcar pasado, presente y futuro, traspasar el aquí? El viaje de In This World podría ser una traslación del viaje imaginario de Orlando pero todavía inscrito a circunstancias concretas. Habrá que seguir la carrera del realizador y ver hasta dónde puede llegar, y preguntarse por sus verdaderas intenciones autorales recubiertas de pretendida modestia.
Asia Marinero

Ante Winterbottom, como ante Ang Lee, la literatura cinematográfica encuentra dificultades de encasillamiento. ¿Es un autor? ¿Será su temática social, presente desde Go Now a Wonderland, su conciencia política, de Welcome to Sarajevo a In This World, sus facetas definitorias? Pero tal vez la respuesta sea de lo más simple. Winterbottom parte de géneros para desmontarlos y, de hecho, con cada intentona de uno de ellos los depura estilísticamente. Lo que le importa del género no son los códigos propios, sino su apariencia, es decir, los ambientes y la historia: El perdón lo asociamos al género western por el lugar y época en el que se desarrolla; Código 46 pertenece a la ciencia ficción porque, nos dicen, nos encontramos en el futuro; In This World y Camino a Guantánamo tratan temas de actualidad candentes que salen en los telediarios.

Con relación a estas líneas de depuración de las que hablábamos y, para centrarnos en el filme que nos ocupa, podemos establecer una gradación cuyas escalas serían Welcome to Sarajevo-In This World-Camino a Guantánamo. La primera es una película narrativa con personajes, pero, ¡ay!, donde se introduce algo muy querido por Winterbottom, el grano, el cambio de formato; Welcome to Sarajevo contiene un minidocumental dentro que es lo mejor del filme y donde, parece, le hubiera gustado quedarse pues sus otros personajes de ficción carecen realmente de interés. Pero la escena verdaderamente «Winterbottom» no llega hasta el final: el protagonista ha conseguido su objetivo y lo vemos en plano medio, en movimiento, dentro de un coche, y con música; se trata de un momento «epifánico», que ya aparecía en Besos de mariposa, con el bautismo-asesinato de la protagonista, y que irá dosificando a lo largo de su filmografía: Wonderland (el plano-emblema sería aquel de un campo de fútbol abarrotado), In This World (que es también sublime, pues casi todo el filme se compone de este tipo de escenas), incluso en 9 Songs (pero donde la música baja su volumen acorde con la acción), que podrían ser casi películas musicales, donde sus personajes no hablan, deambulan, solos, o acompañados, en medio de diferentes espacios geográficos, sin un alma o saturados de gente, que van desde el Londres urbano a una Afganistán agreste o una Antártida virgen. ¿Cómo no le han reprochado a Winterbottom a los que le gusta In This World por su temática social que se dedique a componer abstracciones geométricas con el efecto de unas luces infrarrojas, por ejemplo, en un momento muy dramático del filme? Personalmente, creo que esto es lo novedoso y las señas de identidad del realizador. Con Camino a Guantánamo, y ayudado en la dirección por el montador Mat Whitecross, llega al clímax al desfragmentar por completo la narración, con lo cual también se acerca a una estética de plena actualidad. No deja, así, ni un momento de respiro al espectador; no importa que los personajes no estén desarrollados, la dramaturgia aquí desaparece; sin embargo, se consiguen escenas altamente sugerentes, con cielos explotando sobre la cabeza de los protagonistas, y de los espectadores.


Y, ya que pocos críticos se han detenido en comentarlo, enumeraré a continuación algunos rasgos relativos a la puesta en escena de Camino a Guantánamo, que se pueden considerar compendio de varios recursos usados desde el comienzo de la carrera de Winterbottom: montaje fraccionado; uso de diferentes formatos y texturas, con planos sacados de telediarios y otros que no lo son pero que imitan su estética; flashes breves que se asocian a momentos del pasado; planos de movimiento (en todos sus filmes, hay un Viaje, o varios); planos de conjunto, lejanos, de figuras enmarcadas en espacios abiertos (hasta en Jude o With or Without You, existen); deambulaciones de personajes (el más emotivo puede que sea la carrera del niño en In This World).


Con Winterbottom somos conscientes de que la Tierra es redonda y asible (véase también I Want You). Winterbottom es hijo de la globalización y la imagen, un producto actual, que se considera habitante del mundo, no únicamente ciudadano inglés. Su acercamiento a los géneros se corresponde con una cuarta mirada, el punto de vista de una cámara lo suficientemente alejada para encuadrar la trama en un contexto espacial, no involucrarse sentimentalmente en ella, pero tampoco juzgarla; la mirada de un dios no juicioso, y que se corresponde con la mirada del cine actual, cuando ya todos los códigos están manidos de tanto usarlos y somos dueños de la imagen. El concepto de cuarta mirada toma como punto de partida la famosa clasificación valle-inclanesca a la que un autor ha de enfrentarse a la hora de retratar a sus personajes. Recordemos, estaba la mirada desde el aire, de pie y de rodillas: desde el aire, los personajes aparecen deformados, marionetas merced al demiurgo, aplastados contra el suelo; de pie es una mirada de tú a tú, el que busca el realismo o el documental o la acción de películas mainstream; de rodillas, es la épica, el western, el género de aventuras.

Y terminaré también aludiendo a otro escritor, en este caso, a Virginia Woolf, quien, con Orlando, pretendió romper todos los límites, entre ellos, los espacio-temporales. ¿Acaso no es lo que pretende Winterbottom: romper los géneros o, precisamente, a través de ellos, abarcar pasado, presente y futuro, traspasar el aquí? El viaje de In This World podría ser una traslación del viaje imaginario de Orlando pero todavía inscrito a circunstancias concretas. Habrá que seguir la carrera del realizador y ver hasta dónde puede llegar, y preguntarse por sus verdaderas intenciones autorales recubiertas de pretendida modestia.
Asia Marinero
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Comentarios
Comentario hecho por Asia, el día 24-06-2006 21:07:22h.
Como todavía no me he leído el libro de Thomas Hardy, opinaré con respecto solo a la película, que me parece todavía una obra muy primeriza de Winterbottom; su puesta en escena no me parece nada arriesgada, a pesar de algunos momentos. Y, bueno, a pesar también de la actriz Kate Winslet, que no es que esté mál, pero, con esta actriz, sus directores han de tener mucho cuidado, porque tiende a comerse a los personajes y hace notar constantemente su presencia (sus personajes en 'Titanic' y 'Olvídate de mí' parecen intercambiables). Pero lo que quería decir es que me llamó poderosísimamente la atención los temas vertebradores de la película: la independencia de la mujer y la toma de conciencia individual por parte de un personaje de la clase obrera (me encanta la frase "Se necesitan generaciones para conseguir lo que yo quiero"), y me preguntaba si estaba así de explícito en la novela (lo cual comprobaré). Por otro lado, Winterbottom me parece muy buen retratador de personajes femeninos, desde 'Besos de mariposa', 'Jude', 'I Want You' o '9 Songs'; por ello, me decepcionó, entre otras cosas, '24 Hour Party People' (pero, claro, se trata de una parodia).
Con respecto a la expresión 'dueños de la imagen', hacía referencia a que no solo el realizador sino también el espectador conoce el funcionamiento del engarce y encuadre de los planos (aunque sea inconscientemente, en el caso del público) y se buscan nuevas formas de ver.
Con respecto a la expresión 'dueños de la imagen', hacía referencia a que no solo el realizador sino también el espectador conoce el funcionamiento del engarce y encuadre de los planos (aunque sea inconscientemente, en el caso del público) y se buscan nuevas formas de ver.
Comentario hecho por Pedro, el día 25-06-2006 09:33:36h.
Con sus limitaciones –la novela es de 18noventaytantos- todos esos temas de Jude que destacas están en Hardy. Lo curioso es que hasta la fecha Winterbottom ha adaptado ya dos veces al escritor (con peores resultados, en mi opinión, en El Perdón). ¿Pese a la diferencia de tonalidades entre la obra de ambos, coincidirían en un carácter post-romántico? Cielos, se abren por aquí nuevas líneas interpretativas...
Comentario hecho por Óscar, el día 27-06-2006 21:00:09h.
Muy interesantes las reflexiones de Asia sobre Winterbottom, un director realmente díficil de clasificar y eso es algo que quizás pone algo nervioso (más allá del manido concepto de eclecticismo que se le coloca), ya que sus inquietudes son de lo más dispar y variado. Eso sí, también hay que reconocer que cuando mete la pata la mete hasta el fondo (Nine Songs y Go Now me parecieron simplonas y muy mal hechas), y también cuando se pone en plan 'esteta' cansa un poco (El Perdón, I Want You, Jude). Mis favoritas son 24 Hour Party People y sobre todo, Wonderland. Pero también son destacables In This World, The Road To... y Code 46, por ejemplo.
Pendiente de estreno está A Cock And Bull Story, vista en San Sebastián 2005, una libérrima adaptación del clásico anglosajón Tristam Shandy de Laurence Sterne, y que parece ser una inmersión en el subgénero cine dentro del cine. Espero se estrene pronto.
Y por último destacar el empleo de la música en su cine, aspecto al que da bastante importancia, en consonancia con la fuerza de sus imágenes (la música de Mychael Nyman en Wonderland o The Free Association en Code 46, así como los temas de Joy Divison, New Order, etc... en 24 Hour Party People) son una buena prueba de ello.
Pendiente de estreno está A Cock And Bull Story, vista en San Sebastián 2005, una libérrima adaptación del clásico anglosajón Tristam Shandy de Laurence Sterne, y que parece ser una inmersión en el subgénero cine dentro del cine. Espero se estrene pronto.
Y por último destacar el empleo de la música en su cine, aspecto al que da bastante importancia, en consonancia con la fuerza de sus imágenes (la música de Mychael Nyman en Wonderland o The Free Association en Code 46, así como los temas de Joy Divison, New Order, etc... en 24 Hour Party People) son una buena prueba de ello.
Comentario hecho por ignatiusmismo, el día 25-09-2006 22:45:28h.
Hay que seguir a Winterbottom, merece la pena. LLeva a sus espaldas todo el peso del cine británico. Es innovador, moderno, arriesgado. Su obra no pierde valor, desde 24 hour party people hasta The road to Guantanamo, pasando por Código 46, y sobre todo Wonderland, esa especie de poema sinfónico animado por Michael Nyman. Hay que ver el cine de Winterbottom.
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Hecho con
Por cierto, Jude es una versión inteligentísima de la novela de Thomas Hardy, que demuestra que no existen escritores anticuados, sino miradas capaces o no de extraer de su obra lo intemporal, lo esencial.
Y hablando de miradas, disiento en eso de que todos los códigos están manidos y somos dueños de la imagen. Somos dueños de una determinada concepción de la mirada. Pero por el rabillo del ojo se insinúan a veces otras, inaprensibles... Tema discutido a propósito de Irma Vep y que desarrolla Seres Extraños (reseña próximamente en su página amiga).