DOCUMENTAMADRID 2006
03-06-2006 17:21:32

SECCIÓN OFICIAL
La III edición de DocMadrid 06 ha hecho consolidar un poco más la breve trayectoria de este prometedor y casi recién nacido festival. Su organización ha sido más que notable, y sus actividades paralelas (los ciclos sobre Werner Herzog y Michael Moore y coetáneos en especial) han sido todo un acierto, a los cuales el público ha respondido con destacada asistencia a las salas.
El único pero lo podríamos encontrar en su inabarcable Sección Oficial, dividida este año en tres apartados (Creación, Reportaje y Certamen Nacional), creada esta última con la intención de dar cabida a la abundante recepción de trabajos españoles enviados al festival. Solamente añadir que la Sección Oficial ha tenido un nivel bastante discreto, donde pocas películas han destacado especialmente y, en cambio, la asistencia del público aquí sí ha sido inferior.
Creación Documental
Lo más notable
Compuesto en su totalidad por una recopilación de películas caseras rodadas durante la España de los 30 y 40, la novedad de El perro negro. Historias de la Guerra Civil (Péter Forgács, Países Bajos) estriba en la (supuesta) identidad de dichas películas. Asistimos a hechos protagonizados por Joan Salvans, industrial catalán, y por Ernesto Díaz Noriega, estudiante madrileño, ambos símbolos de los dos bandos políticos inmersos en oscuros pasajes relacionados con la Guerra Civil Española. Y de apasionante se puede calificar esta singular propuesta, pues consigue aportar una lección histórica a través de las vidas de sus protagonistas sin caer en un típico ejercicio didáctico, ya que imprime, desde el principio, un matiz de intriga y suspense que más adelante desembocará en un punto de giro que desbarata cualquier idea preconcebida sobre ellos. Este fantástico documental se beneficia, además, de un excelente montaje que aporta un ritmo adecuadamente vertiginoso a las imágenes. Posiblemente, el mejor trabajo visto en la Sección Oficial.
La BP ha decidido construir un gigantesco oleoducto que atravesará una bella región de Georgia, en concreto el pueblo de Sakiré, negándose sus habitantes (humildes ganaderos y agricultores) a esta invasión. Un dragón en las puras aguas del Cáucaso (Nino Kirtadze, Francia) recurre al esquema David vs. Goliat para contar la tensa indignación que se apodera del pueblo, mostrando cómo el poder de una gran empresa se logra imponer frente a la debilidad y forzosa sumisión de los más débiles. Lo más curioso radica en la visión de la directora: no solo acompaña a los damnificados, sino que también se ocupa de retratar la situación de los responsables y empleados de la BP (por lo que habla a favor del filme, ya que evita caer en un fácil maniqueísmo). Asimismo, dicho documental es, de los vistos durante el certamen, el que más se apoya en términos de ficción cinematográfica, al cuidar con mayor esmero aspectos de la puesta en escena como el encuadre, los movimientos de cámara y la fotografía.

Un grupo de personas de la tercera edad se reúnen en la playa de Barcelona durante el invierno (y el resto del año) para llevar a cabo sus actividades favoritas: nadar, pasear, charlar... Lo más interesante de Mañana al mar (Ines Thomsen, España-Alemania) es la aguda capacidad de observación de estas costumbres y rituales cotidianos que, precisamente, no invitan a la monotonía, aunque, en el fondo, lo que está contando es la cercana e inevitable presencia de la muerte en la vida de estos simpáticos y adorables ancianos. Y es una pena que en su último tercio el ritmo decaiga ligeramente, pero no su tono e intención: Mañana al mar es un apacible y bello documental sobre el paso del tiempo poseedor de un agradable sentido del humor empañado, eso sí, por una cierta melancolía y tristeza.
Buenas intenciones, discretos resultados
El dependiente Ali y sus clientes son los protagonistas de Alimentación general (Chantal Briet, Francia), que cuenta el día a día de una tienda de comestibles en un barrio obrero francés. La directora confía excesivamente en las peculiaridades de los vecinos que acuden a comprar a esta especie de supermercado-ONG, pero sus vidas no son lo suficientemente interesantes (o no están lo suficientemente bien plasmadas en pantalla) como para hacerlo algo emocionante. Es cierto que A. G. aborda, sin caer en un molesto énfasis, temas sociales de gran actualidad: la notoria presencia de la inmigración en las periferias marginales, la dejadez que sufren estas por parte de las autoridades o la soledad e indefensión de las personas de la tercera edad, pero su traslación en imágenes resulta, por lo general, monótona y arrítmica. Sorprendentemente fue considerado el mejor documental de la Sección Oficial.

El regreso de unos cuantos habitantes, unos 20 años después, a la ciudad de Pripyat, situada a escasos kilómetros de la central nuclear de Chernóbil, es el pretexto que el director español Julio Soto utiliza en su película Radiophobia para mostrar las nefastas consecuencias de la mayor catástrofe nuclear de la historia. Aunque dicha premisa es interesante (el shock que se produce en estos «exiliados» a la fuerza al revivir de nuevo el pasado, o comprobar cómo sus hogares han sido saqueados), lo que más molesta es su tono pretendidamente apocalíptico y oscuro, el cual potencia a través de su efectista puesta en escena y tenebrosa música (más propia de un filme de terror), dando la sensación de no confiar lo suficiente en la, ya de por sí, terrorífica y espeluznante desgracia radioactiva. Se llevó el Premio del Público al Mejor Trabajo Nacional.
Antes de volver volando a la Tierra (Arunas Matelis, Lituania) cuenta la vida de unos niños con leucemia en la sala de un hospital pediátrico y, en concreto, cómo se enfrentan padres e hijos hacia dicha enfermedad. Evita caer en fáciles cotas tremendistas y sensibleras, mostrando con abundante respeto y conocimiento de causa estas dolorosas y, a la vez, reconfortantes historias de lucha y superación. A pesar de su discreta factura visual (quizás su mayor inconveniente), es conveniente destacar uno de sus momentos más bellos: una hermosa elipsis que cierra elegantemente este bienintencionado documental tan pudoroso como conmovedor. Fue el único trabajo merecidamente premiado por el jurado (a pesar de que los había superiores), logrando el primer premio (eso sí, ex aequo).
Tres personas infectadas con el VIH son el eje principal de Mundo de tristeza, tierra de O (Bram Van Paesschen, Bélgica) ofreciendo con sus vivencias a cámara el lado más amargo y desesperado de estos enfermos crónicos abandonados por la sociedad. Se agradece el pudor que el director ha sentido al no mostrar sus rostros, y sorprende el discurso que le suelta uno de los afectados sobre la (vacua) necesidad de tener que registrar las miserias personales. Son solo pequeños detalles que apenas salvan de la quema este excesivamente frío y desganado documental.
Lo más molesto
Bloqueo (Sergei Loznitsa, Rusia) cuenta, como bien reza el título, el bloqueo que sufrió Leningrado durante la Segunda Guerra Mundial, pero lo hace sin palabras y sin música, apoyado solamente por las imágenes y el sonido. Y es esta falta de apoyo el mayor inconveniente que sufre Bloqueo, convertido en una soporífera sucesión de imágenes de una ciudad en estado de guerra. Existe una cierta continuidad narrativa (Leningrado antes y después de ser bombardeada, la recogida de cadáveres tras los ataques), pero, aun así, se echa en falta una voz en off que aporte algo de información sobre el asedio. Incompresiblemente, este documental incómodamente áspero y aburrido ha logrado llevarse el Segundo Premio del Jurado.

La niebla en las palmeras (Carlos Molinero y Lola Salvador, España) se podría considerar la propuesta más experimental de todo lo visto en la Sección Oficial. Relata hechos de la vida de Santiago Bergson tan diversos como su participación en la creación de la bomba atómica o su colaboración con Orson Welles en La guerra de los mundos. Pero tal batiburrillo argumental está contado desde una óptica pretenciosamente rompedora y subversiva, a modo de falso documental: alterna una desbordante colección de fotos e imágenes de archivo, abusa indiscriminadamente de varias voces en off y de una estruendosa música tecno-gótica, y, entre otras lindezas, añade molestas sobreimpresiones a lo Peter Greenaway. Lo peor de todo es que no consigue que las increíbles hazañas de Bergson nos seduzcan lo más mínimo, poniendo en evidencia la inutilidad de su excesiva fragmentación, convirtiendo a La niebla... en un exasperante y vacío ejercicio demasiado autoconsciente que abusa sobremanera de su rebuscada condición metalingüística.
Un breve apunte sobre la sección «Reportaje Documental»
A pesar de los pocos trabajos vistos aquí, tengo la sensación de que su nivel era superior al de la sección «Creación», ya que los cuatro que tuve ocasión de ver superan con creces el aprobado.
Internacionales en Palestina, Venezuela: revolución en curso y Una plegaria por Beslan son apreciables y sólidos documentales dignos de ser vistos, pero destaco especialmente la producción sueca El socialista, el arquitecto y la torre girada (Fredrik Gertten), que cuenta, de manera muy inspirada, la construcción del Turning Torso, un colosal rascacielos diseñado por Santiago Calatrava. Los múltiples avatares que sufre su creación, que incluye diversos roces entre el arquitecto y el equipo directivo que le ha contratado, sirven como excusa perfecta para reflexionar, entre otras cosas, sobre el arte, el dinero y la mutua dependencia a la que se ven sometidos ambos.
Óscar Pablos
MICHAEL MOORE Y COETÁNEOS
La tercera edición de Documentamadrid ha dedicado este año una retrospectiva al documental norteamericano realizado desde finales de los 80 hasta principios de los 90 bajo el publicitario epígrafe de «Michael Moore y coetáneos». Cuatro grandes rasgos podrían agrupar las cintas presentadas: la necesidad de la dialéctica, que englobaría, a su vez, al yo autobiográfico y el cine familiar, y la experimentación, características todas ellas que gravitan sobre un tema mayor: la condición de ser norteamericano en tiempos actuales.
Gracias a este ciclo, hemos descubierto que artistas como Marlon Riggs, Rea Tajiri o Jill Godmilow, directores de Tongues Untied, History and Memory y Far from Poland, no renuncian al formalismo y la experimentación pese a realizar un cine político y militante. El primero se encarga de ejecutar una profunda reflexión sobre la doble identidad de ser negro y homosexual en un país como Estados Unidos con un hermoso montaje a ritmo de slam, rap, vogue, poesía y blues. History and Memory es otro poema introspectivo que hace una crítica política del propio cine hollywoodense mediante imágenes de películas clásicas, buscando en esos fotogramas aquellos inexistentes que hablen sobre la raza de la realizadora, la japonesa-norteamericana recluida en campos de concentración tras el ataque a Pearl Harbor, intentando explicarse a sí misma un pasado silenciado por su familia y oculto a los ojos de los norteamericanos «por derecho». Por su parte, Far from Poland pierde en emotividad, pero gana en reflexión pues, a pesar de querer hablar sobre el sindicato Solidaridad surgido en Polonia en los años 80, deviene en un filme-ensayo sobre la propia condición del cine a través de múltiples recursos fílmicos.

El cine familiar nos vino de la mano de la artista multidisciplinar Camille Bishops, también afroamericana, con Finding Christa, que narra el reencuentro después de veinte años de una madre y una hija dada en adopción; este filme, más allá de desterrar falsos prejuicios sobre el tema, llama más la atención precisamente por su falta de denuncia, pues la familia de la protagonista-realizadora sigue los esquemas de la familia hollywoodense según propias palabras; no en vano, varios de sus ascendentes son blancos. Pero, sin duda, el mayor representante del cine familiar, o del yo autobiográfico, es el singular Ross McElwee. Con la excusa de la marcha del general unionista Sherman en la Guerra de Secesión por el Sur, este hombre pegado a una cámara vuelve, con Sherman’s March, a su pueblo natal de Carolina del Norte tras un fracaso amoroso y múltiples personajes femeninos y norteamericanos anónimos desfilan ante él, en su mayoría obsesionados con el fin del mundo debido a un ataque nuclear y la salvación de las almas. Diez años después, con una paternidad recién estrenada, se da cuenta de que América no es un lugar seguro en el que vivir. Monitores enloquecidos hablan de pueblos que desaparecen, de ataques de abejas desocupadas, de asesinos múltiples... McElwee decide ir allá donde sucede la tragedia, y realizar, de paso, Six O’Clock News, a la par que reflexiona y su hijo crece, tanto que, cuando tiene uso de razón, el niño hace un retrato de Dios muy parecido, curiosamente, a una cámara.

Y, siguiendo con el tema de la dialéctica, llegamos al homenajeado Michael Moore, otro Yo considerable, que queda artísticamente muy por debajo de sus colegas. Gracias a las dos películas proyectadas, Roger and Me y The Big One, descubrimos el nacimiento de la estrella Moore todavía en fase de larva. En la primera vemos sus denodados intentos por entrevistarse con el director de General Motors en Flint, su pueblo natal y, en la segunda, ya convertido en un stand-up comedian brillante, hace lo propio con las diferentes empresas que se hallan en su recorrido propagandístico de uno de sus libros. Su dialéctica popular oscurece un discurso bien trabado y una opción alternativa.
Realmente se llega a esta conclusión al haber sido proyectada tras la excelente American Dream, de Barbara Kopple, documental clásico que narra cómo un fracaso práctico, la bajada de los sueldos a los trabajadores de una fábrica del Medio Oeste norteamericano, abandonados por políticos y sindicatos divididos en luchas intestinas, puede convertirse en la historia épica de la voluntad del espíritu norteamericano con personas de rostros puros y miradas limpias. Más obligaciones rotas encontraremos en The Thin Blue Line, de Errol Morris, esta vez en la justicia; mediante entrevistas y recreaciones de un asesinato de un agente de policía, con formas de thriller y música de Philip Glass, se nos sumerge en una América profunda donde un inocente puede ser condenado y el culpable puede ser un tipo simpático y coherente consigo mismo. En cuanto a Paris Is Burning, de Jennie Livingston, podría considerársele el verdadero documental que subyace tras el alegato de Tongues Untied, dado que se nos cuenta esos pequeños momentos de gloria que alcanzan los marginados de la sociedad por ser negros y expresarse de manera diferente al resto en sus inventados desfiles agrupados en ficticias casas de modas que constituyen familias alternativas.

En fin, se nos ha ofrecido un recorrido completo por el Sur, el Midwest y la América profunda, concediendo una especial importancia a la fuerza de las minorías emergentes.
Asia Marinero
Categoría: Ventanas abiertas 4 Comentario(s) & 0 Referencia(s)
Referencias
Comentarios
Comentario hecho por Oscar Pablos, el día 04-06-2006 03:05:44h.
Ha sido una gozada haber visto algunos títulos de Herzog en DocMadrid, todo un descubrimiento (incluso creo que prefiero su vertiente documental a la de ficción, visto lo visto): 'The Wild Blue Yonder' y 'Wings Of Hope' me parecieron alucinantes, inspiradísimas y muy emocionantes. Y esperando impacientemente 'Grizzly Man'.
Comentario hecho por Pedro, el día 04-06-2006 09:52:28h.
Incluso considerando que falta profundizar en otras secciones de DocumentaMadrid debido a que otros no hicieron/hicimos nuestros deberes (ejem), si os dais una vuelta por internet no encontraréis un solo artículo que se acerque ni de lejos a éste a la hora de analizar la edición 06. Estupendo!!
Ya comentaremos Grizzly Man cuando se estrene -¿Quién NO va a querer escribir sobre ella?-. Adelanto que cuando Mónica habla a propósito de Herzog de "viajero romántico", estoy muy de acuerdo. Ahora bien, considerando lo romántico en toda su acepción trágica: quedan excluidos los "ojos grandes de niño". Ya nos batiremos al respecto...
Ya comentaremos Grizzly Man cuando se estrene -¿Quién NO va a querer escribir sobre ella?-. Adelanto que cuando Mónica habla a propósito de Herzog de "viajero romántico", estoy muy de acuerdo. Ahora bien, considerando lo romántico en toda su acepción trágica: quedan excluidos los "ojos grandes de niño". Ya nos batiremos al respecto...
Comentario hecho por Sonia, el día 10-08-2006 12:50:45h.
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Hecho con
También pude ver La casa de mi abuela en la sección de Certamen Nacional y me pareció una de las películas más modernas vistas últimamente de las hechas en España: se atreve a tomar elementos del documental para crear un filme de ficción que reflexiona sobre el propio cine y la vida que se extingue de personas a las que normalmente se les ha quitado la voz.
En cuanto a Werner Herzog y Joaquín Jordá, ya son palabras mayores. Herzog es el último viajero romántico dispuesto a sorprenderse por igual, con sus ojos grandes de niño, tanto de la América profunda como de las tribus y paisajes más recónditos del mundo (y del espacio). De Jordá visioné su último grito de lucidez, Ictus.