Un código conocido por todos: El Código DaVinci
31-05-2006 15:34:38

De entrada tengo que ser sincero y confesar que no he leído la conocidísima y fastidiosa novela de Dan Brown, entre muchas otras razones la principal es que nunca he sentido ni el más mínimo interés en hacerlo. Sí, es cierto, nunca. Ni siquiera ahora que se ha estrenado en las salas de todo el mundo su versión cinematográfica, ya que mi intención nunca ha sido cotejar libro y película. De hecho, opino que no es necesario haber pasado por ese trámite para poder ver el filme y, menos aún, para poder valorarlo, porque cine y literatura son dos lenguajes distintos, aunque complementarios (es así como se explica que uno beba continuamente de la otra). Me gustaría hacer constar con esto que la calidad del filme no depende de su mayor o menor grado de fidelidad al texto original, por ser dos modos de expresión diferentes: lo que se puede contar en uno y cómo se cuenta no necesariamente tiene que coincidir con lo que el otro cuenta y cómo lo hace.
Dejando a un lado, pues, las posibles virtudes y defectos (que desconozco) de la novela, la película El código DaVinci reúne todos los ingredientes para convertirse en un espectáculo de primer orden y cien por cien recomendable para cualquier espectador: tanto para el que sólo quisiera pasar un rato de evasión entretenido como para aquél más exigente que buscase algunas dosis de buen cine. A saber: un best-seller con un amplio público asegurado en cartera, adaptado por un guionista acostumbrado a lidiar con todo tipo de novelas (Akiva Goldsman ha adaptado, entre otros, los guiones de El cliente (1994) y Tiempo de matar (1996), ambas de Joel Schumacher y Una mente maravillosa (2001) y Cinderella Man (2005), ambas de Ron Howard); una trama con suficientes claroscuros como para mantenerte pegado a la butaca durante toda la proyección, apoyada en un trasfondo argumental relacionado con ciertas teorías de considerable peso histórico y teológico como para justificar la aventura; un reparto de estrellas en alza (Audrey Tatou, Paul Bettany) combinado con intérpretes de asegurado rendimiento (Ian McKellen, Jean Reno, Alfred Molina), encabezado por un valor seguro tanto en materias puramente interpretativas como en otras más relacionadas con la promoción y explotación comercial como es Tom Hanks; una disposición de medios apabullante, de hecho, su presupuesto no da para menos; y unas manos expertas en este tipo de fórmulas controlándolo todo y cuyo oficio no es del todo desdeñable, hablamos, claro está, de Ron Howard.
Pero la película acaba hundiendo las expectativas y decepcionando por todas sus aristas. ¿A qué se debe? ¿Cuál es el problema de esta adaptación? No es, repito, su mayor o menor fidelidad al libro, porque hablamos de códigos representacionales distintos. El problema de El código DaVinci reside tanto dentro del propio discurso cinematográfico como en la forma en la que está articulado. Para empezar, el guión de Goldsman quiere abarcar demasiado, tanto que al poco de haber empezado la película, comienza a desparramarse y a perderse por incongruentes e inverosímiles trucos para forzar la acción hacia adelante y justificar las patéticas peripecias de la pareja protagonista (por mencionar una licencia menor, el hecho de que los personajes de Hanks y Tatou campen a sus anchas entre importantes obras sin que haya atisbo de seguridad en el museo más importante del mundo) hasta llegar a un punto en el que poco importan las teorías que manejan los personajes y lo que andan buscando, porque se ha trivializado de tal modo el leit-motiv de la acción que se ha convertido en eso que Hitchcock llamaba macguffin: una excusa o pretexto cuya única función es hacer avanzar la trama, sin que importe saber realmente de qué se trata.
El guión es la base de toda película y si éste de por sí ya acarrea fallos, lo demás no puede sobreponerse a ese obstáculo y acaba fallando también. Así, el reparto en pleno se vale de impresiones y esfuerzos equivocados para dar entidad y color a sus personajes, cayendo algunos en la más vergonzosa caricaturización (caso de McKellen) o en una deprimente falta de brío (Jean Reno, Alfred Molina), quedando el caso especial del personaje incorporado por Bettany que no hay por dónde agarrarlo. En un plano aparte, la pareja protagonista carece de química y parece que, además de sus orígenes, les separan siglos de distancia: Audey Tatou es como esa brisa fresca de un día bochornoso que aparece de cuando en cuando para hacerlo más soportable, mientras Tom Hanks (buen actor, algo demostrado en cintas como Salvar al soldado Ryan (1998), de Steven Spielberg y Camino a la perdición (2002), de Sam Mendes) se limita a poner cara de palo y a no mover ni un solo músculo de su anatomía, irradiando un tedio difícil de aguantar.
Claro que toda la culpa la tiene Ron Howard, al que no podemos denominar como un director al uso, puesto que él es más un orquestador, que nos había acostumbrado a un tipo de película comercial, manejando grandes presupuestos y a grandes estrellas para poner en pie historias que siempre dejaban un poco que desear pero que respondían bien a lo que se esperaba de ellas; y sorprende que en esta ocasión ni siquiera haya podido hacer bien aquello en lo que se había especializado. Sin saber exactamente cómo filmar secuencias en las que el verbo y lo que éste transmite son lo único importante y, temeroso de que tanta palabrería pudiera adormecer al respetable, Howard opta por unir un sin fin de planos cortos, primeros y primerísimos planos y a una velocidad apabullante olvidando que el ritmo no es una cuestión que se pueda resolver en la sala de montaje. Así, su película resulta plana, retorcida y, en última instancia, aburrida. Lo que de polémico pudiera tener el texto original de Dan Brown ha quedado reducido aquí a meramente irrisorio, no porque lo que se cuente sea para tomárselo a broma, sino porque todo, absolutamente todo lo que nos lanzan desde la pantalla, trae como único propósito el de aprovechar el tirón polémico que encumbró a la novela a los primeros puestos de las listas de ventas y que, seguro (ya lo está haciendo) colocará la película entre las más vistas del año en todo el mundo. Lamentable.
Juanma Martín.


El código DaVinci. Título Original: The DaVinci Code. Año de producción: 2006. Nacionalidad: Estados Unidos. Duración: 147 minutos. Dirección: Ron Howard. Guión: Akiva Goldsman, a partir de la novela homónima de Dan Brown. Producción Ejecutiva: Dan Brown y Todd Hallowell. Producción: Brian Grazer y John Calley. Montaje: Daniel P. Hanley y Mike Hill. Fotografía: Salvatore Totino. Música original: Hans Zimmer. Diseño de producción: Allan Cameron. Dirección artística: Giles Masters y Tony Reading. Diseño de vestuario: Daniel Orlandi. Reparto: Tom Hanks (Robert Langdon), Audrey Tatou (Sophie Neveu), Ian McKellen (Sir Leigh Teabing), Jean Reno (Capitán Fache), Paul Bettany (Silas), Alfred Molina (Bishop Aringarosa), Jürgen Prochnow (André Vernet), Jean-Ives Berteloot (Remy Jean), Etienne Chicot (Lt. Collet), Jean-Pierre Marielle (Jacques Sauniere), Marie-Françoise Audollent (Sister Sandrine). Estreno en España: 19/05/2006.
Categoría: En cartel 3 Comentario(s) & 0 Referencia(s)
Referencias
Comentarios
Comentario hecho por gloria, el día 12-06-2006 12:10:56h.
Hola,
el primer comentario va a por la crítica de la película: sí, es completamente decepcionante y hasta aburrida. Las interpretaciones (ni siquiera Tatou, que seduce a los hombres con su fruncimiento de labios de fresa, pero deja bastante fria a otra mujer), pueden convencer.
Yo he leido la novela, incluso la compré (si, pueden apedrearme). Es un libro entretenido, de esos que se lleva uno a la piscina para pasar la tarde, y como tal está bien, sin necesitar que se lo desmembre. Como él ha habido siempre bestsellers y siempre los habrá. Como entretenimiento puro, he de decir que lo encontré mejor que la película.Ésta, después de haber leido el libro, me decepcionó todavía más.
el primer comentario va a por la crítica de la película: sí, es completamente decepcionante y hasta aburrida. Las interpretaciones (ni siquiera Tatou, que seduce a los hombres con su fruncimiento de labios de fresa, pero deja bastante fria a otra mujer), pueden convencer.
Yo he leido la novela, incluso la compré (si, pueden apedrearme). Es un libro entretenido, de esos que se lleva uno a la piscina para pasar la tarde, y como tal está bien, sin necesitar que se lo desmembre. Como él ha habido siempre bestsellers y siempre los habrá. Como entretenimiento puro, he de decir que lo encontré mejor que la película.Ésta, después de haber leido el libro, me decepcionó todavía más.
Comentario hecho por Óscar, el día 21-06-2006 02:29:31h.
Efectivamente, el primer párrafo es fundamental para poder ir entendiendo este estúpido fenómeno sobre el pesado código de los .... Por lo tanto, si el libro parece que es tan malo, no justifica que la peli también lo sea. (¿cuántas buenas, notables o excelentes films se han basado de noveluchas del tres al cuarto, sobre todo en géneros como el western o el cine negro?)
Sí, la peli es mala, pero sorprende que tras dos títulos tan estimables como The Missing y Cinderella Man, Ron Howard haya bajado el listón considerablemente..., aunque como apunta Juanma, la culpa de Akiva Goldsman, el guionista, es palpable y notoria. La impresión que me produjo fue que todo estaba hecho con urgencia, como 'deprisa y corriendo', ya que ni se han currado el casting (casi todos bastante mal), ni Howard su plan de rodaje ni los montadores una buena coordinación de los elementos a su disposición (que embarullado el montaje, que sonrojante un flashback a mitad de peli, que persecución en coche por las calles de París tan nefasta, a años mil de las que sucedían en Ronin de John Frankenheimer, por poner una de acción ambientada en la capital francesa...). Todo en El Código Da Vinci es pseudo-cine. Y si es fiel o no a la historia, si polemiza o no con la religión católica, etc..., sinceramente me importa un bledo.
Sí, la peli es mala, pero sorprende que tras dos títulos tan estimables como The Missing y Cinderella Man, Ron Howard haya bajado el listón considerablemente..., aunque como apunta Juanma, la culpa de Akiva Goldsman, el guionista, es palpable y notoria. La impresión que me produjo fue que todo estaba hecho con urgencia, como 'deprisa y corriendo', ya que ni se han currado el casting (casi todos bastante mal), ni Howard su plan de rodaje ni los montadores una buena coordinación de los elementos a su disposición (que embarullado el montaje, que sonrojante un flashback a mitad de peli, que persecución en coche por las calles de París tan nefasta, a años mil de las que sucedían en Ronin de John Frankenheimer, por poner una de acción ambientada en la capital francesa...). Todo en El Código Da Vinci es pseudo-cine. Y si es fiel o no a la historia, si polemiza o no con la religión católica, etc..., sinceramente me importa un bledo.
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Hecho con
Voy a colgar por aquí una reflexión que escribí hace tiempo sobre el fenómeno Da Vinci a propósito de la novela, y que por lo que comentas sobre la película podría tener aún cierta actualidad...
LAS MISTERIOSAS RAZONES DE UN FENÓMENO SOCIAL
“Sonrojante, chapucero y delirante”. “Lamentable y absurdo”. “Infame”. Son algunos de los epítetos dedicados a la novela de Dan Brown por escritores -Juan Manuel de Prada-, teólogos -Rodolphe Kasser- o críticos literarios -F. Casavella-. Basta en efecto con poseer un mínimo de formación estilística y cultural para apreciar que “El Código Da Vinci” no sobrepasa un nivel de redacción escolar, y que la nota inicial de Brown referida a la presunta veracidad de sus fuentes carece de cualquier credibilidad.
Por tanto, que el libro haya tenido tal repercusión en América y Europa Occidental constituye para los analistas el mayor de sus misterios. Los menos justifican el fenómeno apelando a la táctica promocional del producto, implacable pero más creativa de lo habitual. Otros se remiten a su estructura, que en ciento cinco breves capítulos solapa revelaciones y acertijos a la manera de un guión o un videojuego. Los editores destacan su calculada combinación de thriller y miscelánea pseudocultural, que da al lector la ilusión justificativa de estar instruyéndose mientras consume la intriga. E historiadores y sociólogos coinciden en señalar que “El Código...” ha hecho accesibles para el público ciertas teorías revisionistas y críticas en torno al catolicismo, ya planteadas previamente en ámbitos más restringidos, y que han hallado campo abonado en un Occidente sumido hoy por hoy en una crisis de valores paranoica y autopunitiva.
Sin embargo, en una época que ha hecho de la inquietud intelectual y de la reflexión actividades subversivas contra el ánima de la tribu, podría aventurarse otra razón más primaria para explicar el impacto social causado por la obra de Brown: el deseo de reconocimiento, de integración, de identificación con los demás. Un deseo al que solo cabe aspirar sacrificando la autoexigencia y el criterio propios en el mínimo común denominador de lo colectivo. Objetos como “El Código Da Vinci” cumplen en este sentido una función esencial gracias precisamente a sus limitaciones formales y argumentales.